4 Pilares que te ayudarán a encontrar la felicidad

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email

Vivimos en un mundo donde predomina la búsqueda incesante del placer y el éxito. Si bien no son aspectos negativos en sí, corremos el peligro de vivir una vida sin sentido y completamente terrenal. Preguntas cómo, ¿cuál es mi misión en esta vida? o ¿qué quiero que digan de mí cuando ya no esté aquí?, deberían servirnos de guía para centrar nuestro foco y sacar lo mejor de nosotros mismos.

Todos buscamos la felicidad y quizás el problema está en que esperamos encontrarla en el lugar equivocado pues, aunque el placer y el éxito pueden alegrarnos y llenarnos, es bien sabido es una “felicidad” efímera y pasajera.

Para ser verdaderamente felices debemos buscar llenarnos de algo más trascendental, solo así conseguiremos encontrar esa plenitud del corazón. Existen cuatro aspectos que pueden arrojarnos un poco de luz, veamos cuáles son.

Conocerse a uno mismo

A lo largo de nuestra infancia, hemos ido absorbiendo como una esponja todo lo que se nos ha ido enseñando a través de nuestros padres, la escuela, los amigos, etc. Todo ello ha introducido en nosotros una serie de creencias que nos van a condicionar en nuestro día a día. Creencias sobre quiénes somos, cómo es el mundo o lo que está bien y mal…

Veamos, en detalle, el impacto que tienen nuestras creencias en los resultados de nuestra vida.

Explicado con palabras, los resultados de nuestra vida son fruto de las acciones que tomamos. Las acciones son fruto de nuestras emociones. Nuestras emociones son fruto de nuestros pensamientos. Y, por último, nuestros pensamientos son fruto de nuestras creencias.

Conocer todos estos puntos es fundamental para poder trabajarlos y conseguir tener la vida que deseamos. Por ejemplo, cuando hablamos de emociones sabemos de antemano las consecuencias de no saber manejarlas, con razón se dice que “el autoconocimiento es clave para el bienestar psicológico”[1].

Por otro lado, el autoconocimiento también conlleva conocer nuestros defectos y cualidades, lo cual es muy importante para conseguir nuestros objetivos y potenciar lo bueno que hay en nosotros. Al fin y al cabo, debemos hacer honor a esos talentos que Dios nos ha dado para servir a los demás.

Cultivar la espiritualidad

Somos de carne y de espíritu, ¿por qué íbamos a cuidar tan solo de uno de ellos? Dios nos creó a su imagen y semejanza y nos dio la libertad para tomar nuestras propias decisiones. Para que pudiéramos tener una relación íntima con Él nos otorgó el espíritu y, de esta forma, poder vivir en gracia de Dios.[2]

Ese espíritu que nos dio tiene unas necesidades, al igual que el cuerpo tiene las suyas. Podemos resumirlo en dos conceptos: el crecimiento espiritual y la contribución al mundo.

Para crecer espiritualmente podemos buscar libros que nos ayuden a reflexionar, meditar o rezar. También resulta muy aconsejable tener un guía que nos conozca y sepa aconsejarnos sobre qué pasos dar para nuestro crecimiento. Hacer viajes espirituales como visitar a la Virgen de Medjugorje o hacer el Camino de Santiago pueden ser una gran ocasión para ayudarte a crecer en un momento dado.[3] Por supuesto, todo ello con un objetivo claro, que es profundizar en nuestra fe.

Profundizar en la fe nos ayudará a vivir una vida coherente dejando que Dios esté presente en cada uno de los ámbitos de nuestra vida. En el hogar, en el trabajo, con los amigos… pues cuando uno se sabe Hijo de Dios, y se lo cree de verdad, no puede esconder esa felicidad y alegría en quienes lo rodean.

Otro de los aspectos fundamentales para crecer espiritualmente es crecer en virtudes. Sabemos que la virtud es contraria al vicio. Y que para tener una virtud debemos trabajarla y crear hábitos que nos ayuden a adquirirla. La virtud de la paciencia, la castidad, la humildad… Todos conocemos el pecado que nos acecha cuando dejamos de crecer en ellas; perder la paciencia con nuestros hijos y sacar lo peor de nosotros; ser infieles a nuestra pareja; no saber encajar una corrección por parte de otra persona, etc. Si crecemos en virtudes seremos más felices nosotros y las personas que nos rodean.

Como se ha mencionado, el segundo aspecto que nos ayuda a cultivar nuestra espiritualidad es buscar nuestra contribución en la sociedad. Esto nos lleva a dejar de vivir para nosotros y pasar a vivir para los demás. En el siguiente punto abordamos este tema con más profundidad.

Vivir con propósito

Todos tenemos una misión en esta vida. Dios nos pensó y nos amó incluso antes ser concebidos en el seno materno. Hemos nacido con una forma de ser y unas circunstancias únicas, ¿por qué no íbamos a tener preparado un camino específicamente para nosotros?

Anhelamos sentirnos realizados, encontrar un sentido a todo lo que hacemos y la forma de conseguirlo es viviendo con propósito. Es decir, descubrir para qué hemos nacido y ponernos al servicio de los demás, aportando nuestro granito de arena para hacer de este mundo un lugar mejor y más lleno de amor.

Para encontrarlo podemos inspirarnos en los 4 pasos que nos indica la Hermana Glenda[4]:

  1. Encuentra tu pasión. Aprovecha esos momentos “águila” que te regala la vida. Ellos te sacudirán el corazón y pondrán al descubierto tu gran pasión.
  2. Encuentra tu talento especial. Observa tus habilidades naturales y también aquellas que los demás ven en ti, aunque tú no las veas. Fíjate en ese uno o dos que te hacen más especial.
  3. Encuentra la misión que Dios tiene para ti. Pregúntate qué podrías aportar tú a la humanidad, siempre desde tu pasión y talentos. Pregúntale a Dios, ¿qué quieres que haga por Ti?
  4. Encuentra tu sustento. Si encuentras tu propósito nunca te faltará de nada, pues todo se te irá dando por el camino. Recordemos las palabras de Jesús de Nazaret a sus discípulos, “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.”[5]

No existe forma más maravillosa de vivir que poniendo nuestra vida al servicio de quien nos ha creado para que haga maravillas a través de nosotros.

Actitud positiva

La actitud es esa forma que tenemos de pensar, de hablar y de comportarnos en el mundo y tal es su importancia que de ella puede depender tener una vida mediocre u otra completamente excepcional.

Observemos cuál es la actitud que tenemos en nuestro día a día para poder identificar aquellos momentos en los que flaqueamos y ponerle solución. Muy probablemente nos demos cuenta que es en las circunstancias difíciles o dolorosas cuando la actitud cobra más importancia. Pregúntate, ¿cómo te desenvuelves en ellas?

Víctor Kuppers sintetiza en 6 puntos los aspectos fundamentales para tener una actitud positiva ante la vida[6]:

  1. Vivir con alegría como una decisión.
  2. Ser buenas personas, siendo honestos, íntegros y tolerantes con los demás.
  3. Ser capaces de salir del bucle aprendiendo a relativizar las cosas.
  4. Cuidar lo más importante, que son las personas que amamos.
  5. Ilusionarnos con todo lo que hagamos poniéndole emoción.
  6. Ser muy agradecidos con la vida y con los demás.

Cuatro palabras; autoconocimiento, espiritualidad, propósito y actitud. Si trabajamos y cuidamos estos 4 puntos, viviremos con gran plenitud, sintiéndonos realizados y conociendo la felicidad como nunca antes.


Por: Neus Muley Vilamú


 

1-https://cepsicologia.com/autoconocimiento/

2-https://nuestrabibliacatolica.com/que-es-el-alma-segun-la-biblia-importancia-para-un-cristiano/

3-https://www.deustosalud.com/blog/mente-sana/crecimiento-personal-espiritual-principales-diferencias

4-https://www.youtube.com/watch?v=J9ARGR68OG4

5-Mt 10, 9-10

6-https://www.heraldo.es/noticias/sociedad/2019/04/04/6-claves-para-vivir-la-vida-con-alegria-por-victor-kueppers-1307337.html

BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

 

 

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en whatsapp
Compartir en telegram
Compartir en email

Artículos Relacionados