Descubre el lenguaje secreto de los colores

«Cada persona tiene su propio color, una tonalidad cuya luz se filtra apenas a lo largo de los contornos del cuerpo. Una especie de halo. Como en las figuras vistas a contraluz.»

Haruki Murakami

«La armonía de los colores debe fundarse únicamente en el principio del contacto adecuado con el alma humana»

Wasily Kandinsky

El color reina en nuestras vidas.

Lo encontramos en todo, en todas partes. Campa a sus anchas ante nuestros ojos.  Su gama cromática es infinita, llena de matices, de variaciones casi imperceptibles –en algunos casos–. Es parte esencial del Arte, de la Ciencia, de la Naturaleza, de la moda, de la cocina gourmet, de la literatura, del cine y del espectáculo, de la publicidad. Sus combinaciones son incontables, como la intención con la que se aplican. Ha sido objeto de estudio por filósofos, artistas, científicos o físicos, y cada disciplina ha llegado a diferentes conclusiones sobre su naturaleza y cualidades.

Si damos un paseo por la Historia del color, encontramos ya una primera definición en las teorías de Aristóteles (S. IV A.C.). Según el filósofo griego, los colores surgen de la mezcla de cuatro tonalidades fundamentales (tierra, fuego, agua y cielo), a lo que se suma la incidencia de la luz y de la sombra sobre los mismos, modificándolos.

Ya en el Renacimiento, Leonardo da Vinci vuelve sobre el color, definiéndolo como elemento intrínseco a la materia. Para el italiano, la escala de colores básicos se modifica ligeramente respecto de la propuesta por Aristóteles: el color principal es el blanco, como receptor de todos los demás; en orden de importancia, después están el amarillo (tierra), el verde (agua), el azul (cielo), el rojo (fuego) y el negro (oscuridad).  Éste último devora a todos los demás, los engulle y hace desaparecer.

Con Sir Isaac Newton (S. XVII) el color pasa a ser sujeto de interés y campo de estudio de la Ciencia de la Ilustración. El pensamiento newtoniano enuncia un principio básico y aún en uso hoy en día: la luz es color. Si se hace pasar un haz de luz solar a través de un prisma, se descompondrá en una gama de colores (espectro lumínico) que rápidamente asociaremos a otro fenómeno natural de la refracción de la luz: rojo púrpura, rojo anaranjado, amarillo, verde, azul celeste y azul violáceo. El arcoíris.

No será hasta bien andado el siglo XVIII cuando  Johann  W. von Göethe  (1749-1832), naturalista y escritor alemán, estudie los cambios y alteraciones que el individuo padece –a nivel fisiológico y psicológico–,  al ser expuesto a los diferentes colores. Partiendo de los resultados obtenidos mediante la experimentación y observación directa, Göethe consigue definir y desarrollar un diagrama triangular con los tres colores primarios (magenta, amarillo y azul), relacionando cada color con un conjunto de emociones.

Tomando como punto de partida los estudios y conclusiones de Göethe, se desarrollaron otras teorías sobre el color, las gamas cromáticas…, hasta llegar en el siglo XX a las teorías y principios que fundamentan la denominada “psicología del color”, campo que analiza el impacto de los colores en la psique humana, en función de variables como el género, la edad, la nacionalidad, el nivel educativo, etc.

Según esta disciplina, cada color tiene la capacidad de hacernos experimentar sensaciones positivas o negativas, asociándolas a unas u otras en función de su contexto. Así, por ejemplo, en la cultura occidental:

  • El color BLANCO se asocia a la paz, a la inocencia, a la pureza y la modestia. Como síntesis de todos los colores, el blanco se convierte en la representación del Vacío, de una Nada infinita, vibrante y positiva.
  • El color NEGRO va unido al mal, a la ausencia de luz, a lo maligno e impuro; a la muerte y a la ausencia del color, que es devorado por la sombra. Curiosamente, también representa la elegancia.
  • El color ROJO es la expresión del impulso, de la sangre, de la acción, de la pasión y de la fuerza, del calor…; pero también de la ira, de la violencia desmedida, de la rabia o de la crueldad.
  • El color AMARILLO representa a la luz, al sol, a la acción y la riqueza, a la inteligencia y la energía creativa, la liberación, el impulso artístico. En su lectura negativa, es el color de la locura, de la arrogancia, de la traición, de la mala fortuna.
  • El color NARANJA posee propiedades estimulantes, en un balance interesante entre el rojo y el amarillo. Se asocia –igualmente–, con la creatividad, el impulso artístico y el entusiasmo en una forma más moderada. Radiante y expresivo, este color puede (en su gama cromática más oscura), sugerir engaño, intolerancia u opresión.
  • el color AZUL es el color del cielo, del océano en calma, del reposo… Es el color de la introspección, de la inmortalidad, de serenidad y la fidelidad, de las emociones profundas que pueden virarse en frialdad, en aislamiento, en depresión, en soledad o desesperación.
  • El color VERDE vuelve a reunir las virtudes del amarillo y del azul: es la expresión de la calma, de la naturaleza libre, de la esperanza, de la razón y de la juventud. Por otra parte, es también el color de la envidia y los celos, y de aquéllos que redundan en su vanidad.
  • El color VIOLETA o MORADO es la expresión de la espiritualidad más alta, de la templanza, de la lucidez, de la majestad, de la sabiduría alcanzada por medio de la experiencia. En cambio, mezclado con el negro, representa la deslealtad, la miseria y la desesperación. O la muerte, el martirio y el dolor, si se le mezclan tonalidades blancas.
  • Por último, el color MARRÓN inspira equilibrio, madurez y gravedad. Es el color de la tierra, de lo real y tangible. Es el color del otoño, del paso previo a la oscura severidad del invierno.  De la cruda verdad.

Y es que, seguramente, a lo largo de nuestra vida variemos de respuesta a la pregunta “¿cuál es tu color favorito?”. Pero no importa: todos seguirán formando parte de nuestra cotidianidad, acompañándonos e inspirándonos, sirviéndonos de vehículo de expresión de nuestros sentimientos e impulsos, de nuestra identidad y creatividad… En el interior de la luz y a través del prisma, bajo el sol más radiante o en el abrazo profundo de la sombra.

Siempre con nosotros.

De la cuna a la tumba.

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