Conservas ecológicas para ganarse la vida en el siglo XXI en el medio rural

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Este titular representa el reto que asume nuestra empresa Tarro Verde.La historia nace hace unos siete años cuando los miembros de la empresa nos conocimos, algunos vivíamos en nuestro pueblo y los otros se habían trasladado con la idea firme de cambiar su vida en la urbe por el campo y arrancar una iniciativa emprendedora basada en la producción agroecológica.

Esta sería la raíz principal del plan, ya que abundando sobre la idea inicial de alimentación ecológica se va configurando un proyecto que mira más allá de la mera recolección en la huerta y busca dar el paso a generar valor añadido a estos productos, siempre con la premisa de que fueran orgánicos y vegetarianos.

De aquí surge el primer boceto en nuestras cabezas que era algo parecido a un tarro de conserva. Contábamos con la ventaja de la tradición conservera de nuestra zona y pudimos aprovechar esa experiencia y ese conocimiento.

Sin embargo, el contexto económico en aquellos años reflejaba un mercado en el que el producto bio no era el protagonista en España, tal vez sí en algunos países de Europa, pero aquí no, y menos en la provincia de Cuenca. Más bien eran los tiempos de ajustar el céntimo en la compra, de ir hacia marcas de distribución (marcas blancas), de elaboraciones industriales más baratas y como siempre decimos del protagonismo de los omnipresentes ultraprocesados.

Nosotros lo teníamos muy claro, estaba apareciendo una tendencia que venía para quedarse y viraba hacia otro tipo de alimentos (alimentos que nosotros ya consumíamos y producíamos). Una alimentación real, como diría Carlos de los Ríos, que se sustenta en un producto sencillo pero sano. En nuestro caso con elaboraciones de base tradicional pero innovando, artesanales y adaptadas a las nuevas formas de vivir y organizar el tiempo.

Dentro de este escenario nos preguntábamos  ¿qué podíamos hacer nosotros? y ¿cómo lo haríamos? , eran los interrogantes que ocupaban nuestras mentes casi o todo el tiempo en esos meses. Sabíamos que teníamos el producto, la idea y las ganas. Sin embargo faltaba todo lo demás. En ese momento se convocó por la Diputación Provincial de Cuenca la I Lanzadera de Proyectos Emprendedores, ya era el año 2015, y pensamos que nos debíamos presentar al concurso. Después de mucho prepararlo nos presentamos y conseguimos uno de los premios, con lo que recibimos el impulso económico que ayudó a arrancar.

Afortunadamente a ninguno de nosotros nos ha importado el número de horas dedicadas o el tipo de tarea, convencidos de que lo queríamos hacer y solo veíamos la alternativa de intentar llevarlo a cabo.

Volviendo sobre el origen de nuestro negocio y en el titular del artículo, quiero recordar que nos encontramos en un pequeño pueblo de la Serranía de Cuenca, con menos (bastantes menos) de 100 habitantes. Y de partida las condiciones para estrenarse como emprendedores fueron un camino complicado. Empezando por lo complicado de encontrar un local adecuado, y convertir este local en una “industria alimentaria” ya que, aunque tu producción sea pequeña y de manera artesanal se tiene que regir por las mismas condiciones de cualquier industria alimentaria. 

Aquí y así nacimos, ya estaba hecho, por lo que desde este rincón de Cuenca empezamos a elaborar ese producto que ya llamábamos tarro de conservas ecológicas, y que iban a ser platos preparados y patés vegetales. El siguiente paso fue dar forma, sabor y diseño definitivo al nuevo producto, crear nuestras propias y originales recetas artesanas.

A día de hoy continuamos ilusionados con nuestra pequeña fábrica de conservas ecológicas ubicada en Ribatajada, Serranía de Cuenca, donde un día hace algunos años se inició nuestro negocio, en la que seguimos creando y ensayando nuevos artículos.

A partir de este proyecto algunas huertas que se encontraban abandonadas en el pueblo se están recuperando con la transformación hacia la producción en ecológico complementando la actividad de algunos agricultores de la localidad. Vemos como el impacto que puede tener un pequeño negocio en una población rural se dimensiona y alcanza a otras áreas.

Queríamos contar como empezó todo para mostrar un pedazo de la España más vacía y olvidada por muchos, en la que nos encontramos. Creemos que se puede vivir y trabajar, como dice el titular del post “ganarse la vida en el medio rural bien entrado el siglo XXI”.

Para más información:https://tarroverde.es/

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