Entrevista exclusiva a Odile Rodríguez de la Fuente heredera del gran legado de su padre

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«El hombre no es un ovni venido de una lejana galaxia; El hombre es un poema tejido con la niebla del amanecer, con el color de las flores, con el canto de los pájaros, con el aullido del lobo y el rugido del león.»    Félix Rodríguez de la Fuente. 

Cuando se han cumplido 34 años de la muerte de su padre el inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente, nos encontramos con la más pequeña de sus hijas para hablar de la Fundación que lleva el nombre de su padre y que ella dirige.

Odile, es bióloga, se formó en Estados Unidos y al volver su madre le hizo la petición de hacer algo con el legado de su padre; ella creó una ONG con el propósito de unir todo el material elaborado por su padre y preservarlo. Así lo ha hecho aunque ese cometido ha rebasado todas sus expectativas y tras 10 años de vida la Fundación actúa en muchos ámbitos diferentes.

La hija pequeña de Félix Rodríguez de la Fuente tiene una inconfundible huella paterna en los gestos y también en la voz. Estoy ante una joven con una gran formación que aprende cada día sobre muchas disciplinas para llevar las riendas de esta organización y comprometida con ella. Nuestra charla, al aire libre en una céntrica plaza madrileña, discurre o casi mejor habría que decir fluye, sobre variados temas como educación, valores, naturaleza, familia, trabajo, animales… Una charla muy profunda, con mucha consciencia, palabra que Odile utiliza mucho. Como se suele decir, hablamos de lo divino y de lo humano.

Tras más de tres décadas sin tu padre, su nombre y su persona siguen produciendo un gran afecto en el recuerdo ¿Lo percibes así?

¡Impresionante!, la verdad, -dice Odile- parece mentira que siga tan vivo en el recuerdo de la gente después de tanto tiempo, las muestras de afecto en todos los rincones de España son increíbles: gente de todos los sectores, gente culta o no, de clase social alta, media, baja, de pueblos de ciudades, de todas las esquinas. Le tienen un cariño y un afecto enormes además de un sentido de agradecimiento por lo que hizo.

Más allá de su gran labor en la preservación y comprensión de la Naturaleza “nuestro amigo Félix”, como dice la canción que le homenajea, fue un gran ser humano e incluso un poeta.

Parte de la clave del éxito de mi padre fue una visión muy humanista de la relación del ser humano con el entorno. Él sacaba lo mejor de nosotros y nos hablaba de la naturaleza humana también. Nos identificábamos con las emociones de los animales, su comportamiento, era una forma de ver que no estamos solos en esta aventura de la vida, que la compartimos con muchísimas otras especies en el planeta, que esto es un misterio, al fin y al cabo, y que se trata de despertar el sentido del asombro, de pertenencia a algo y hay una serie de elementos consustanciales a toda la Humanidad, independientemente de la cultura y de la lengua, y que son propios, como el sentido del asombro, la curiosidad. Él tocaba esas claves que era una de las razones de su éxito. El mundo de la divulgación de la Naturaleza, como se llama ahora, fue un gremio donde él hizo brecha, en su época no había nada parecido. Cubrió todos los campos: documentales, mundo editorial, prensa, enciclopedias. Lo que se está haciendo ahora no tiene comparación, es demasiado aséptico, está como exento de alma, demasiado cientifísta, naturalista.

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Has dicho que “la sabiduría se ve en el brillo de los ojos” y que te gusta imaginar a tu padre reencarnado en un lobo, libre. Esas palabras van más allá del interés por la naturaleza.

Esto hila con la pregunta anterior. Creo que en algún momento de la historia de la Humanidad ha habido un divorcio entre el ser humano y la Naturaleza y creo que es una pérdida enorme para la Humanidad fundamentalmente porque, poniendo las cosas en perspectiva, ha habido un número de extinciones masivas en el planeta y al final la vida se recupera. Se pueden perder el mayor porcentaje de especies que había, como fue en la época de los dinosaurios; y, al final, al planeta, a la vida, le da igual porque la dimensión del tiempo y del espacio es infinita y se vuelve a crear porque hay un impulso creativo y vital. Lo que hay que hacer es poner las cosas en perspectiva, esto es recíproco y, como dijo mi padre, es como un bebé que está en el útero materno unido por el cordón umbilical, si se pone en peligro la vida del niño se pone la de la propia madre también. En esta aventura estamos juntos y cuando yo digo que me gusta imaginarme a mi padre como un lobo libre me refiero también a una nostalgia de esa infancia de la Humanidad, un tiempo en el que el ser humano no había desconectado de su verdadera esencia y sentía que pertenecía a algo mayor que sí mismo y se sentía acompañado, cobijado dentro de los brazos de la gran madre que es la Naturaleza, que es la existencia. Al final ese divorcio nos ha llevado a ser una humanidad muy perdida, podemos tener dinero, desarrollo tecnológico y demás pero hay más problemas mentales y emocionales que en ningún otro momento de la historia. El retorno va de encontrar nuestro espacio, nuestra felicidad, nuestro sentido de equilibrio y nuestra libertad más que sobre la propia naturaleza y las propias especies.

¿Cuál es esencialmente la labor que desarrolla la Fundación?

Nosotros vamos a la raíz del problema y decimos que evidentemente un síntoma es el deterioro ambiental pero que hay que ir a la raíz de la enfermedad que es la humanidad y ese divorcio de su entorno. Tratamos de que aflore ese sentido de pertenencia con el que todos nacemos, son millones y millones de años de herencia genética y de un inconsciente colectivo que está ahí en algún lugar. Entonces trabajamos en educación, en divulgación, en intentar encontrar personas que sí viven en armonía con el entorno y proyectarlas a la sociedad como ejemplo, demostrar que se puede hacer eso: vivir en armonía y a la vez tener éxito económico. Aportar algo a la sociedad y a la cultura no sólo es una cuestión de medio ambiente.

Estudiaste Ciencias Biológicas y producción de cine, trabajaste 5 años en Estados Unidos y luego decidiste crear la Fundación ¿Has realizado tu sueño?

Hay cosas en la vida que son fruto del destino y otras que no son tales porque pueden ser casualidades o “causalidades”-ríe-, el caso es que siempre, desde que tengo uso de razón, quise seguir los pasos de mi padre, incluso antes de que falleciera, y me preparé y estudié Ciencias Biológicas y Producción de Cine, estuve en Estados Unidos, en National Geographic 5 años pero cuando volví a España mi madre me decía que no había un paraguas que salvaguardara el legado de mi padre para futuras generaciones y vi que el mejor modelo era una ONG. Aporto mis conocimientos y mi sentido intuitivo sobre la esencia del mensaje de mi padre porque yo tenía 7 años cuando él falleció y hay una parte que no es intelectual sino muy vivencial. Él sembró semillas en muchísimos niños españoles y en mí también. Cuando yo estudié me sentía muy sola, a pesar de estar en Estados Unidos que son más sensibles a todos estos temas, y sin embargo ahora tengo la sensación de que cada vez hay más gente con la que me puedo entender en profundidad. Desde el mundo de la arquitectura, de la economía, de la medicina. Hay una inquietud con temas muy profundos: ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Creo que estamos bien orientados.

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Eso se ve, tú le estás aportando profundidad al legado de tu padre.

Es que el legado de mi padre es muy profundo. Hay gente que recuerda a mi padre de manera sesgada, pintoresca o caricaturizada, como un señor con los lobos, con los halcones… pero si tú te metes de verdad en la obra de mi padre y te pones a escuchar los programas de radio, en los que él se explayaba con muchísima libertad, es tremendamente profundo su mensaje, mucho. Nosotros hemos tomado la esencia de ese mensaje y lo hemos traído a día de hoy.

Perdona, te he interrumpido…, me decías que ves inquietud en la gente por temas profundos.

Sí, ahora sí. Teníamos unas necesidades en la era posindustrial, salíamos de la 2ª guerra mundial, de la guerra civil y había una forma de vida en que las necesidades eran muy primarias, se quería encontrar una forma de vida cómoda: alimentación, salud, una seguridad. Ahora que ya tenemos eso y más de una generación ha vivido con esa comodidad; de repente decimos: Bueno ¿y realmente éste tipo de vida es lo que queremos para nuestros hijos, para nuestros nietos? Yo recuerdo mi juventud, mi niñez, los valores que te han inculcado, que íbamos al campo, a los pueblos… y dices ¿yo realmente quiero levantarme a las 7 de la mañana, trabajar de sol a sol, estar atado por todos los sitios, pagar una hipoteca, sumergido en una crisis que también te trae muchísima inseguridad?…y luego está esa falta de valores y de principios. Entonces yo creo que estamos en un punto de inflexión, que nos faltan cosas como el sentido de pertenencia, el derecho a la felicidad y a disfrutar de un tiempo. A realizarme a través de un trabajo que no sean solo las horas, el dinero… es decir, hay una revolución en todos los ámbitos.

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Y ahora viene la pregunta fundamental ¿qué hacemos en este planeta y qué es la vida para ti?

¡Puff! Yo, la verdad, es que no te puedo dar una respuesta y no te la puede dar nadie. Es tremendamente profundo y para eso están las religiones, la filosofía…entramos en un terreno muy íntimo. Lo que sí creo es que estamos obligados a plantearnos que hay un misterio. Hemos avanzado en cuanto a tener más respuestas de las que teníamos en el medievo pero sigue habiendo un misterio absolutamente insondable en cuanto a nosotros y nuestra forma de existir y de estar en el mundo que tiene que ver con que no solo somos mente, un error de ahora sino que nos relacionamos con la Naturaleza, con la realidad, a través de las emociones, del cuerpo físico que son los sentidos, a través del espíritu que es una manera muy intangible y todo eso tiene que entrar en la ecuación y tiene que verbalizarse. Eso está ahí, eso conmueve profundamente a muchísima gente y quiénes le dan la espalda y piensan que sólo somos intelecto y mente se dejan una parte muy importante de la vida en el tintero. A mí me parece una pena porque la vida es muy efímera y cuanto más mayor te haces más te das cuenta de que esto pasa volando y hay que vivirlo profunda e intensamente. Cada uo puede tener su respuesta pero las preguntas hay que hacérselas.

El nombre de Félix Rodríguez de la Fuente y el valor de su obra perdurarán por varias generaciones: hijos, nietos, bisnietos ¿qué sensación te produce esta responsabilidad?

Es curioso porque todo en la vida es una balanza; cuando tienes hijos hay sacrificio pero es tan positivo lo que te ofrecen, por lo menos para mí, que lo viviría 40 veces más. En esa balanza hay un sentido de responsabilidad y un sentido de oportunidad para mí que lo sobrepasa con mucho y es poder seguir con el legado de mi padre, continuar con su mensaje y vibrar con ese brillo en los ojos que veo en la gente que vivió el fenómeno Félix siendo niños, jóvenes, adultos y ese sentido de agradecimiento porque hay una parte de ellos que vibró con eso. Mi oportunidad es hacer que no se pierda esa llama y la responsabilidad es muy menor al lado de eso. No me pesa, no me oprime, no me preocupa. Todo lo contrario.

Habrá algún sucesor más de su abuelo en la familia ¿alguno de tus hijos quizás?

Tengo dos hijos Claudio y Jaime y mi hermana mayor Mercedes tiene 3 también varones y luego está mi hermana Leticia que no tiene hijos. ¿Si puede haber un sucesor de su abuelo? No lo sabemos. Yo estoy intentando aportarles un entorno que estimule ese potencial con el que todos nacemos y que se sientan acompañados en esta aventura, en esta vida, por muchas otras personas, otras especies, otros fenómenos no vitales para que no se sientan solos y tengan recursos, mucha creatividad a la hora de enfrentar los problemas a los que estoy convencida que nos vamos a enfrentar en los próximos años y luego; una vez tirados los dados, pues ya se verá.

Por Elena Carrera

Más información http://www.felixrodriguezdelafuente.com/

Fotos: Carla García.

 

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