Jorge Fin, pintura, poesía y filosofía

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La primera sorpresa que nos espera al entrar en la exposición de Jorge Fin (Madrid 1959) es su título: “ Walden, Manual para echarse al monte”. Con curiosidad, antes de ir a verla, indago en ese océano de sabiduría que es Google y descubro que Henry David Thoreau, el autor del libro “Walden” fue un gran inconformista, un escritor americano escapado de la civilización para disfrutar de una inmersión total en la naturaleza. Inspiró a libre pensadores como Gandhi y Martin Luther King.

Con esa premisa de aperitivo, me adentro en la exposición de este madrileño, escapado de la capital a los fértiles campos de Murcia. Allí le arrastró hace casi 30 años, una musa de esta tierra para allí ser cautivado de por vida por la luz y el aire de la huertaese aire que nadie como él ha sabido reflejar sobre el lienzo. Los temas que inventa o elige un artista son algo tan etéreo como la brisa que entra por una ventana, uno de los temas favoritos de Jorge Fin. Y si pudiera definir en una sola frase esta nueva colección de pinturas, diría precisamente eso:

 

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Su obra es brisa fresca que entra por la ventada porque en esta ocasión, sus azulejos blancos, se convierten en ventanas a la naturaleza, una naturaleza llena de calma, poesía y filosofía. La armonía y la calma que aporta la naturaleza en su estado más puro, es una constante en todas sus exposiciones. Si Matisse pintó su famoso cuadro titulado “Calma, lujo y voluptuosidad”, Jorge Fin, nos habla con sus obras de “Calma, simplicidad y armonía”.

 El artista, huido de la ciudad al campo, no puede disimular su otra pasión además de la pintura: el mundo natural. De allí sacó los temas de sus distintas exposiciones a lo largo de su carrera: primero las nubes, luego la brisa, después el ocaso, recientemente los icebergs y por último, en esta muestra nos desvela minuciosamente la montaña, el bosque, los lagos, la nieve… Aparecen también animales, como hormigas, caracoles, patos, ranas, un gato y un gallo. Pero son animales poco ruidosos, casi en estado de meditación, pues sus apariciones no parecen perturbar los espacios de silencio que Fin inventa, aptos para la poco habitual actividad del pensar o del simple disfrutar de una bucólica paz campestre. Realmente se siente silencio contemplando su obra, un silencio que se hace aún más necesario tras leer sus títulos.

“Tenía tres sillas en casa: para la soledad, para la amistad, para la compañía”.

“Nunca llegué a saber que bando resultó victorioso ni la causa de la guerra”.

 4TNI.jpgMás que títulos, son frases cortas, tomadas del libro que le inspira, para poder digerir y meditar ante la presencia de sus obras sublimes. Formando un perfecto tándem, títulos y obra, nos invitan a pensar y repensar cada trazo, cada tema, cada cuadro, cada palabra… Por decisión propia y rompiendo con sus exposiciones anteriores, donde demuestra que es un gran genio del color, esta vez Jorge Fin, se limita a la línea azul sobre el inmaculado blanco de la cerámica. Y sus espacios en blanco, a veces, dicen tanto como sus acertados trazos maestros. Su atención a los detalles de la naturaleza, vista casi con microscopio evoca reminiscencias de los estudios de césped y plantas salvajes de Alberto Durero o la delicadeza de las diminutas flores pintadas por Fray Angelico en la expulsión del paraíso. Porque, sin duda, Jorge Fin, conoce bien y ha estudiado a sus maestros. Con razón, una de sus lecturas favoritas es el Summa Artis, su “biblia” del arte de todos los tiempos.

 

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Jorge Fin nació en Madrid, hijo de un ingeniero banquero cuya pasión secreta era y es la Física Nuclear y una experta en arte que dirigió la casa de subastas Sotheby’s para luego irse a vivir a Nueva York a vender arte a museos y coleccionistas internacionales. El resto de su familia están también inmersos en el mundo del arte: un hermano es pintor, otro galerista y una hermana trabajó en la Fundación March. Jorge Fin estudió Empresariales en la Universidad. Al finalizar la carrera fue contratado por un banco inglés pero muy joven, decidió dar un giro de 80 grados a su vida. Abandonó la promesa de una brillante carrera en la banca de Londres para dedicarse a su verdadera pasión: la pintura. Es el prototipo del artista autodidacta en constante proceso de aprendizaje. Desde entonces, ha realizado más de 30 exposiciones individuales y ha participado en casi 80 muestras colectivas, con gran éxito de la crítica. Sus obras se encuentran en museos y colecciones privadas de España, Francia, Suiza, Italia, Bélgica, Alemania, Rusia, USA, Canadá, México, Japón, Singapur…

 

2TNI.jpgLa actual exposición en el Palacio Almudí de Murcia, es una ocasión única para sumergirse en su mundo onírico, tan personal, tan cambiante y tan nuevo. Sus pinturas sobre azulejos forman un todo con la literatura que le inspira pero lo mejor es el toque poético que aporta Jorge Fin. Su personal sentido de la vida se refleja en toda su obra. Sin duda, observando su exposición más reciente, aquí se puede sentir cierta simbiosis entre pintura, literatura y filosofía. Porque Jorge Fin, además de un gran artista, tiene algo de poeta y mucho de filósofo.

 

 

1TNI.png  Por Maria de Juan

María de Juan, marchante de arte y periodista freelance 

Fundadora de Asociación Amigos de la Cultura y de la Galeria Max Estrella

Trabajó 12 años en Art Consulting (Nueva York) y en la Fundación Juan March (Madrid)

 

 

 

 

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