Solo hay que tener miedo al miedo

Foto Elena Carrera

Me gusta mucho esta frase que recuerdo haber oído durante toda mi vida, sobre todo cuando la escuchaba en boca de alguien que me daba seguridad, alguien a quien admiraba.

Esa frase estaba en boca de mis mayores en esas épocas que a todos nos trae la vida en las que los temores arrecian y alguien decía : “Solo hay que tener miedo al miedo”. Era como decir abracadabra y se producía el efecto milagroso e inmediato de crear un puente ante ese abismo en que nos sitúa el miedo, porque veamos lo que implica tener miedo.

Cuando eso a lo que llamamos miedo irrumpe en nuestra vida por cualquier motivo tiñe todo lo que somos y nos deja sin armas, porque se apodera de nuestra identidad habitual y nos convertimos en seres débiles. Cuando ese miedo pone en juego nuestra supervivencia aparecen nuestros resortes inconscientes para combatirlo y se genera una gran ansiedad, una gran fuerza, destreza, resistencia y muchas otras cosas y físicamente somos capaces de grandes proezas en una situación de riesgo para nosotros o nuestros seres queridos. Lo que quiere decir que ante una situación de peligro se activan muchos de nuestros recursos inconscientes. Por tanto debemos estar tranquilos porque si hace falta actuaremos.

Lo peor que puede ocurrirnos es vivir con miedo y crear supuestas defensas a nuestro alrededor. Hacer miles de cosas para sentirnos seguros porque entonces estaremos creando una vida regida por el miedo que es mucho peor que afrontar puntualmente y en el momento presente una situación difícil con toda nuestra atención y las armas adecuadas.

Son los miedos psicológicos; es decir, estados mentales creados por nuestra psique, memorias acumuladas en nuestro cerebro los que atenazan nuestras vidas porque el miedo habita en el pensamiento y en el tiempo y no es real. Por eso siempre me ha encantado esta frase que hoy me he puesto a analizar y profundizando un poco vemos que es rigurosamente cierta, realmente, “solo hay que tener miedo al propio miedo” porque hay que ver la que nos puede liar. Cuando arrecia el miedo hay que sucumbir a él, alzar la mirada y no perderlo de vista, que cale en nuestros huesos, comprender de dónde viene y dejar que pase de largo . Es el gran impedimento para una vida confiada y feliz.

Elena Carrera

Directora Tu Nueva Información