Una fundación de Bogotá adopta la filosofía slow para acabar con los perjuicios de una vida acelerada.

madre e hijo caminando
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Foto de Getty Images

Descartar el estrés y todos los perjuicios que conlleva una vida acelerada es la intención de los miembros de la fundación Despacio, que promueve un estilo de vida con la velocidad apropiada en la ciudad colombiana de Bogotá.

 En TNI somos entusiastas de este movimiento, de hecho iniciamos esta publicación con un artículo de la filosofía slow en nuestra primera portada así que celebramos que estas iniciativas estén creciendo por el mundo.

Carlos Pardo es psicólogo e investigador urbano . En la sede de Despacio, en una casa del barrio Rosales un día de 2009 cuando disfrutaba de su permiso de paternidad, se le ocurrió inventarse una organización donde confluyeran su obsesión por la teoría de la relatividad, la idea de utilizar el tiempo de la mejor manera posible en cada actividad y, reducir el estrés de la gente, mejorar la calidad de vida y combatir el cambio climático.

También en esta historia, como en las de muchos seguidores de la filosofía slow, tuvieron que ver los libros de Carl Honoré, el canadiense que se dedicó a promover una vida sin el virus de la rapidez, en la que cualquier actividad se haga con el tiempo justo.

La fundación lleva a cabo diferentes iniciativas y una de las últimas ha sido darle un sentido distinto al rutinario viaje en un autobús. Trastocar esa rutina mecánica de subir al bus y mientras tanto maquillarse, revisar los correos o chatear en un teléfono inteligente y, con una prisa descomunal, buscar la salida en medio de los demás pasajeros.

Unas 40 personas entre las que estaba el Coro de Cámara de la Universidad Javeriana hicieron un flahsmob con una de las obras de la música romántica alemana. Los pasajeros empezaron a sonreír, a mirar detenidamente a aquellos sujetos que cantaban a su lado. Algunos grabaron el episodio con sus móviles. Y al final todos aplaudieron cuando la actuación terminó al llegar a la siguiente parada.

La idea, que quizá para muchos suene a “desocupe”-como dice su creador Carlos Cano- no tiene nada que ver con eso sino con desacelerar el ritmo de vida causante del estrés y la ansiedad de las sociedades actuales, porque este frenético ritmo absorbe a las ciudades y a las personas.

El equipo de Despacio se dedica a pensar en actividades o proyectos que tengan impacto en el bienestar de las personas y las ciudades. El ideólogo del movimiento Slow, Carl Honoré, con motivo de la presentación de su libro Bajo presión dijo que “muchas veces, con los niños, menos es más. Podemos lograr cosas maravillosas con menos presión, menos actividades, menos tecnología. Somos víctimas de una cultura perfeccionista. Queremos la casa perfecta, el cuerpo perfecto e hijos perfectos”.

Con los temas de los ciclos vitales, Despacio está trabajando en proyectos que quizá puedan proponer en colegios y empresas. Retando lo intuitivo más allá de seguir cualquier tipo de dogma o versiones extremas de la vida slow y no quieren parecer “hippies, nueva era etc”, como dice Carlos Pardo, le interesa lograr una vida con la “velocidad apropiada”. El logo de Despacio es una cometa y símbolo de la tranquilidad porque hemos convertido al tiempo en dueño de lo que hacemos, sin darnos espacios para contemplar.

Algunas recomendaciones para la vida ‘slow’ que da la fundación Despacio:

Vida diaria:

Podemos desayunar sin el móvil en frente (ni el periódico) sino mirando a los demás y hablándoles. Podemos hacer 24 minutos de siesta después del almuerzo (si tenemos dónde y cómo, ojalá encima de césped o en un sofá) y podríamos encontrar actividades interesantes que no son necesariamente parte de nuestra rutina diaria: ¿pintar, cantar, bailar?

Trabajo:

Podemos dedicar dos horas al día a pensar sobre proyectos nuevos o trabajar otras dos horas totalmente desconectados de internet. Podemos trabajar durante 45 minutos seguidos y tomarnos un descanso breve para continuar.

Ocio:

Podemos tomarnos un tiempo de la semana para hacer algo distinto con plena atención, solos o en compañía de alguien.

Planificación de ciudades:

Puede haber sectores enteros de una ciudad sin automóviles, pero no se puede tener la ciudad completa sin vehículos motorizados o vías “rápidas” (por lo menos no cuando tiene un tamaño mayor a 50.000 habitantes).

Las cifras:

1 municipio de Colombia es considerado la primera ciudad lenta de América Latina: Pijao, Quindío.

El origen del ‘slow’

Cuando una ciudad italiana se enfrentó a la construcción de un McDonald’s nació el ‘slow food’, a finales de los años 80, con la idea de repensar la relación de las personas con los alimentos y el tiempo justo para disfrutarlos. Con ello también surgió la idea del ‘slow living’. Luego aparecieron diferentes vertientes que promueven la vida sin prisa en el amor, la educación o la música. El movimiento Cittaslow comenzó en Italia en 1999 para combatir el ritmo de vida frenético actual en las ciudades y ya es una red con más de 80 urbes adheridas. Carl Honoré es uno de los promotores más reconocidos de la filosofía de la lentitud en círculos académicos y campos como la educación.

 

 

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