Sé una luz para ti mismo

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La época entre el nacimiento y la muerte comprende el periodo de tiempo al que llamamos vida y durante esos años transcurren una serie de experiencias que vivimos a través de nuestro instrumento físico al que llamamos cuerpo. Sabemos que somos mucho más que un simple cuerpo porque tenemos pensamientos y emociones así que a la vez que crecemos y nos desarrollamos en el plano material, vamos percibiendo nuestros pensamientos y emociones. A partir de la adolescencia todo se complica y empezamos a percibirnos y a interactuar con los demás en una vida donde es habitual que aparezca el conflicto a través de las relaciones y es que los demás nos hacen de espejo y es mediante las relaciones como mejor podemos vernos y conocernos.

Ser una luz para uno mismo significa ser consciente de nuestro ego, de nuestros pensamientos y emociones, de los sentimientos y miedos que albergamos dentro de nosotros y en definitiva de todo nuestro condicionamiento. ¿Qué es el condicionamiento? Todas las características humanas y sociales que nos componen y que están no sólo en un nuestro consciente sino también en nuestro  subconsciente.

Ser una luz para sí mismo requiere autoconocimiento. Conocerse a sí mismo es observarse sin juicio y comprender sobre todo “lo que no somos”. Al hacerlo van cayendo miles de creencias erróneas heredadas de nuestros ancestros y del entorno, de la sociedad. Cuando de verdad te paras a mirar comprendes que el 95 por ciento de lo que se supone que eres son hábitos y creencias adquiridas erróneas que se pueden desechar.

Ser una luz para sí mismo requiere atención en el momento presente, atención a lo que pensamos, sentimos, hacemos y decimos. Y de esa manera se van descubriendo todos los papeles que juega el yo, el ego, que es ese personaje de mil caras que todos llevamos dentro. Nos hace esclavos de sus prejuicios y sólo hay que verlo para desenmascararlo y no identificarte con él. Pero ¡cuidado! porque es el mejor de los actores y cuando lo descubres en un papel inmediatamente  adopta cualquier otro personaje y se vuelve a disfrazar para sorprendernos.

Tu ego no eres tú y esa es una gran noticia. A pesar de que la inmensa mayoría de las personas creen serlo si no han hecho un trabajo de autoconocimiento. El ser humano es algo mucho más profundo en esencia pero es imprescindible conocer esa parte superficial nuestra para poder tener una mente más limpia, más ligera que permita acercarnos a esa esencia nuestra escondida.

Ver los movimientos del ego es trascenderlo y ser libres. Y es en esa libertad donde realmente podemos vivir una vida más plena, más feliz, más en armonía con todo y ser finalmente una luz para nosotros mismos y para los demás.

 

Por Elena Carrera

Directora  Tu Nueva Información

 

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